Recuerdo aquél viaje no para rememorar mis paseos por avenidas, calles y callejones de Manhattan, visitas a museos o teatros de Broadway, bebercios y comercios en bares y pubs del Midtown o de Tribeca, o mis habituales e inevitables 'escapadas' a barrios donde nadie me llama a meterme... ni siquiera mi relación de amor con el Puente de Brooklyn o Little Odessa. No, no, no... Voy precisamente a hilar el 11S con la actual muestra de indignación al más típico estilo 'hesseliano' que apenas está naciendo en EEUU y que, como tantas otras veces en el país norteamericano, comienza en NY.
Qué pensaría la nunca suficientemente snob protagonista de 'Sex and the city', Carrie Bradshaw, de estas muestras de 'indignación' social? Ya en su momento Carrie aspiraba a poder articular en 'Vogue' porque pagaban 4 dólares la palabra (imaginaos si, por un artículo como éste, en el año 2000, me pagasen 4.000 u 8.000 dólares) fundamentalmente para poder costear artículos esenciales en su vida como sus pares de zapatos Manolo, para los que necesitaba algo así como de 600 dólares en adelante por par o su apartamento-café de una habitación en una calle no demasiado alta de la isla.
Nueva York es inmensa, no hablo de su extensión física o urbana, sino de su inconmensurabilidad humana, racial, cultural y social, como todas las ciudades que han sido 'capitales del mundo' en su día, y nunca dejé de pensar sobre 'Sex and the city' que, a pesar de la de tabúes sexuales que rompía para mi madre o las señoras de Kentucky, lo cateta y prejuiciosa que resultaba en algunos de sus guiones, lo 'en la superficie' que transitaba. Algo parecido me pasaba con 'Friends' aunque la genialidad cómica de esta sobrepasa la mediocridad folletinesca de aquella y hace que esos matices sean intrascendentes. En fin, a lo que voy.
¿Aquella Nueva York es la que ha engendrado esta 'indignación'? Pues bien, NO. No soy amante de las tesis conspirativas, tan usuales en la cultura norteamericana, pero tampoco de creer a pies juntillas la versión oficial de los hechos que suelen dar los Estados. Digamos que, entre unas y otras, están las versiones oficiosas, más acertadas que ambas por separado.
Además de permitirme que yo viajara y justificar un par de guerras geoestratégicas para el enriquecimiento de unos cuántos holdings mundiales (esencialmente estadounidenses), el 11S también supuso el cambio de agenda en la política mundial y la práctica desaparición de los importantes movimientos antiglobalización que empezaron a fraguarse a finales del siglo pasado. Grosso modo, esos movimientos mantenían (manteníamos) posiciones sociales o izquierdistas y contrarias al liberalismo económico desatado que producía evidentes desajustes y desigualdades Norte-Sur e 'interclases' en las sociedades occidentales. El momento cumbre de este movimiento fue la Contracumbre de Seattle, en 1999, con más de 50.000 manifestantes completamente organizados que consiguieron abortar la Cumbre de la Organización Mundial del Comercio (me gustan los juegos léxicos). En ese momento, los Estados occidentales, al servicio de la economía de mercado, concluyeron algo: tenían un modelo global, pero también un problema global: los altermundistas.
Pues bien, un 11S (con sus cambios legislativos y en los protocolos de seguridad consiguientes), una guerra de Afganistán, una guerra de Irak, y una crisis mundial de los sistemas de mercado libre después, lo único que veo en nuestra spanishrevolution y en la globalrevolution que empieza a amanecer, al menos en EEUU, es la continuidad de aquellos mismos argumentos que fueron truncados en su momento por 'necesidades de seguridad nacional e internacional'.
Las dinámicas diabólicas y antisociales del libre mercado han campado a sus anchas no sólo desde la caída del muro de Berlín, sino que absolutamente desatadas desde el 11S... La teoría económica que ha acompañado a la contención y restricción de las libertades sociales en nombre de la seguridad, ha sido precisamente la de un libre mercado sin control y aurotegulado que nos ha traído a la actual situación económica y social: el pueblo carece de verdadera soberanía en tanto en cuanto los estados son presos de los mercados y las pérdidas se han socializado cuando el enriquecimiento desmesurado de unos cuántos ni siquiera se conoce o no ha sido suficientemente fiscalizado.
De modo que la crisis y el crash económico, de los ciudadanos y Estados fundamentalmente, han provocado nuestras acampadas y están provocando la toma de Wall Street... 10 años después y básicamente por no haber asumido, y haber silenciado, algunas de las exigencias o recomendaciones de los altermundistas que desde hace 30 años las venían planteando, estamos donde estamos. Y lo peor, tal y como estamos.
James Tobin ganó el Nobel de economía en 1981, su trabajo gira en torno a la creencia de que los gobiernos debían intervenir en la economía con el fin de estabilizar la producción y evitar desequilibrio y recesiones, con aportaciones pioneras al estudio de las inversiones, cuyos flujos de capital improductivos pidió gravar para ser controlados. Esa máxima de los movimientos altermundista de los 90 es una de las exigencias de las revoluciones ciudadanas de hoy día, habiéndose perdido (o ganado para algunos) 15 valiosos años de especulación masiva en los mercados financieros e inmobiliarios.
Supongo que Carrie Bradshaw estaría más interesada en decidir que combinación de colores lucir ante su amante perpetuo que en las consecuencias de aplicar o no la Tasa Tobin, pero se ve que otros muchos new yorkers piensan que ya es hora de poner coto a Wall Street y pasar de sus Manolos.
TO

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