Los pasos se agolpan bajo pequeños zapatos
mientras vemos tenderse llamas en la lejanía
con las turbinas de nuestras pupilas excitadas
peleando por vivir más lento y mirar más deprisa.
Ese es el camino, pensamos.
Damos una calada y viajamos por columnas de humo
como si fueran túneles infinitos y veloces y los roces
y los colores y el ruido se distorsionan y las caras
se rompen como los labios al comernos la boca...
Esa es la manera, vivimos.
Para bien ahora estamos varados en la dulzura
o para mal en la eternidad de momentos nonatos
o en la verdad de tantas caricias dadas
como las que hemos dejado de dar; y besos...
Esa es la añoranza, sufrimos.
Doy sorbos al perfume de tus excesos y a las copas
medio vacías o ya totalmente secas de los árboles
en vilo de nuestras propias vidas ya totalmente secas
en esta adolescente senectud que pelea con el tiempo.
Ese es el dolor; esperamos
cada vez más solitarios y ancianos cada vez
un día menos y un paso más cada vez tu
en la esquina de la luna apoyada silbando recuerdos
cada vez más espesos y lejanos y cada vez más...
Hace ya más de mil años que no estoy aquí
ya más de mil años.
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