jueves, 17 de noviembre de 2011

Juegos de mesa nazis: La perversión hecha macabra... diversión?

Muy poca gente sabe una patética historia que demuestra mejor que otras muchas atrocidades lo enfermizo y peligroso del régimen de Adolf Hitler: los juegos de mesa nazis. Si, como leéis, la profusa y efectiva propaganda ideada por Joseph Goebbels no olvidó los juegos de mesa de ideología nazi o, fundamentalmente, militares y de guerra. Antes de la invasión polaca ya existían curiosos ejemplos de juegos de mesa que de alguna manera, estética o temáticamente, comunicaban y promocionaban al nazismo y su retrógrada ideología racista y de supremacía aria. Como muestra esta especie de parchís, que además deja clara la connivencia de cierto gran emporio del entretenimiento norteamericano con el régimen nacionalsocialista. Nunca Disney estuvo más cerca de una esvástica... o sí, ¿quién sabe?.




Pero si antes de la guerra esta forma de 'comunicar' ya estaba plenamente implantada entre los pequeños jóvenes alemanes con futuro de soldado, durante la guerra la promoción de los valores militares y del odio al enemigo, especialmente al Reino Unido (principal protagonista de los intensos bombardeos que sufría Alemania en la Segunda Guerra Mundial), se plasmó con toda la macabra fuerza de este régimen enfermizo. No fueron pocos los juegos de mesa, extremadamente populares entre la juventud hitleriana, que animaban a bombardear, invadir y batallar contra los enemigos ingleses. El más popular, 'Bomber über England' (Bombas sobre Alemania), de 1940.


Un verdadero éxito de ventas que, al estilo del Risk, invitaba a idear estrategias para "aniquilar" al enemigo. Por cierto, este juego iba acompañado de un super hit de la música popular alemana de la época del mismo nombre: "qué bello es ver caer bombas sobre Inglaterra y saber que venceremos". Tremendo. Este y sus secuelas o precuelas alentaban a bombardear Inglaterra...



Invadirla por aire...




Por mar...




O a desarrollar dotes básicas de estrategia militar, por si nos encontramos frente a frente con un pelotón 'aliado'...



Aunque mención especial se merece el tristemente macabro 'Juden Raus¡' (algo así como, ¡Judíos Fuera!), de 1936, comercializado por la empresa Günther and Co. (podemos imaginar la compañía del tal Günther). Este juego fue anunciado como instructivo y entretenido e incluye dados, un tablero y unas figuras de juego que intentan representar (y caricaturizar) a ciudadanos judíos. Lo que pretende el juego es que los jugadores vayan moviendo a esos judíos a través de un mapa, primero fuera de las murallas de la ciudad, y más tarde hacia su definitiva deportación a Palestina. En el tablero reza un lema no menos doloroso y vergonzante: "Si te las arreglas para expulsar a seis judíos habrás conseguido una clara victoria". Muy Fuerte. Lo curioso de este juego es que comercialmente no funcionó excesivamente bien, porque los órganos oficiales de las SS consideraban que trivializaba las importantes políticas antisemitas que estaba poniendo en marcha el  régimen... había otros "más instructivos". 






Estos eran algunos de los creativos juegos de mesa infantiles y juveniles que los nazis idearon para instruir a sus jóvenes. 

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Canciones de invierno #1

Dedicado a Adrián por su cumpleaños y porque me enseñó la belleza de este audiovisual.


Los pasos se agolpan bajo pequeños zapatos
mientras vemos tenderse llamas en la lejanía
con las turbinas de nuestras pupilas excitadas
peleando por vivir más lento y mirar más deprisa.
Ese es el camino, pensamos.

Damos una calada y viajamos por columnas de humo
como si fueran túneles infinitos y veloces y los roces
y los colores y el ruido se distorsionan y las caras
se rompen como los labios al comernos la boca...
Esa es la manera, vivimos.

Para bien ahora estamos varados en la dulzura
o para mal en la eternidad de momentos nonatos
o en la verdad de tantas caricias dadas
como las que hemos dejado de dar; y besos...
Esa es la añoranza, sufrimos.

Doy sorbos al perfume de tus excesos y a las copas
medio vacías o ya totalmente secas de los árboles
en vilo de nuestras propias vidas ya totalmente secas
en esta adolescente senectud que pelea con el tiempo.
Ese es el dolor; esperamos

cada vez más solitarios y ancianos cada vez
un día menos y un paso más cada vez tu
en la esquina de la luna apoyada silbando recuerdos
cada vez más espesos y lejanos y cada vez más...  

Hace ya más de mil años que no estoy aquí
ya más de mil años.

martes, 15 de noviembre de 2011

Tengo miedo... al fascismo


Sólo existe una explicación posible para que el Partido Popular arrolle en las próximas elecciones: tenemos miedo, miedo a que los envites financieros y los pocos ahorros, posesiones y escaso estatus económico que teníamos, se desmoronen definitivamente. La supuesta seguridad del PP en lo económico no viene dada porque haya dado ningún paso adecuado precisamente en la gestión de esas situaciones, sino porque los precedentes pasos del PSOE han sido poco productivos, muy erráticos y nada convincentes. Pero son dos caras de la misma moneda.

Por otro lado, esos pasos han socavado toda soberanía existente en el propio Estado español, incapaz de actuar por sí mismo o fuera de los mandatos que marcan los mercados o los convencionalismos internacionales. De modo que los cambios de gobierno, en esta Europa que se creía democrática, se suceden por imperativo categórico de otros poderes que no podemos controlar, ni valorar, ni a los que podemos pedir explicaciones, ni votar, y cuya fuerza, sin saber muy bien de dónde emana, parece imposible de controlar. ¿Si la soberanía está en Bruselas o en el FMI por qué no votamos a sus responsables?   

Yo, amigos y amigas, tengo miedo, pero es un miedo diferente que el que se siente ante la posibilidad de la pérdida de "lo poco que tenemos", es un miedo directamente relacionado con la posibilidad de perder "lo poco que hemos conseguido". 

Me parece más importante, sobre todo en estos momentos, el ser, que el tener, el mantener derechos, que el mantener capacidad de compra, determinadas seguridad y libertad civiles y sociales, que las fluctuaciones del euro. Por eso no votaré al PP, por eso no me convence la salida no planeada de la crisis por parte del PSOE. No votaré al PSOE. Por eso no creo que el problema radique en suprimir Diputaciones, que no estaría mal, ni en cerrar quirófanos... No se trata de eso, porque estas elecciones, cuando los gobiernos de la Europa del Sur de la que formamos parte caen sin intervención, ni opinión del pueblo, me parecen una pantomima, una escenificación de cambio, un teatrillo, que está al servicio de variar la imagen que algunos supra-poderes tienen de nosotros, de nuestra economía. ¿La prima de riesgo sigue subiendo no es verdad? ¿Habrá cambio de gobierno no es cierto? ¿Ya hicimos constitucional la prohibición del déficit no? No, no es eso. 

Corremos el peligro de que esta crisis, además de arruinarnos económicamente y maltratarnos laboral y socialmente, nos haga perder la confianza en la democracia, de ver la utilidad y legitimidad de estos sistemas completamente desacreditadas. Y eso me da miedo.       

La emergencia y necesidad nacionales y los virajes de timón impuestos por esos supra-poderes que desconocemos, nos legan a una situación peligrosamente parecida al fascismo. Además, la mayoría de la gente parece preferir esta vía provocada por virajes que se dan políticamente, por ese mismo miedo a perder lo poco que hemos conservado, que interesarse por las diferentes formas de actuar que existen, y las otras posibles alternativas a la salida de la crisis que no estaría fuera de lugar poner sobre la mesa, y mucho más interesada en aquello que en la respuesta cívica desde la calle. Cree la gente que cambiar al PP les devolverá el empleo, a pesar de aquello que quite o venda o por lo que cobre cuando llegue al poder. Pues vale.

Yo, queridos amigos y amigas, tengo miedo porque no se quién diablos defiende el bienestar de los que estamos pagando la crisis, quién defiende nuestros derechos, no conozco quién está por encima de nosotros y elige por nosotros, no tengo mecanismos de control u opinión sobre las decisiones que nos hacen tomar...

Tengo miedo de perder mi estatus de ciudadano, como ya perdí el estatus de cliente para los mercados.